-Alicia, Alicia despierta. Tienes que ir al instituto. –Llevamos
aquí dos días, ya era lunes y tengo que volver al instituto. Me vestí así:
A la hora de entender a la gente no hay problema, estuvimos
viviendo aquí 4 años, desde que yo tenía 2 años hasta los 6, hice algunos
amigos; y en España iba a la Escuela de Idiomas para mejorar mi inglés.
Ya eran las 7:30.
*Ring* *Ring* *Ring*
Fui a secretaria, no sé qué clase tengo, ni la taquilla, ni
el horario, ni el aula.
*Toc toc*
(A partir de ahora los
diálogos son en inglés)
-¿Se puede?
-Sí, claro. ¿En que puede ayudarla?
-Verá… Soy nueva y no sé a qué aula tengo que ir.
-Ajá, dígame su nombre.
-Alicia Gomez.
-Ooh… Aula 109, primer piso. La acompañará el director al
aula.
-Ah… Vale gracias. –El director sale del despacho. Era alto,
moreno con ojos azules. Me sonaba mucho.
-Hola Alicia, soy Bob Horan. –Horan. ¿Por qué me sonaba tanto?
-Encantada soy Alicia Gomez. –Fuimos hacia el aula.
Al entrar todos se callaron, hasta el profesor de literatura.
-Hola. Vengo a presentaros a una nueva alumna. Alicia Gomez.
Viene de España. Espero que seáis buenos con ella. –Mientras que me presentaba
a la clase yo miraba al suelo. Levanté la mirada y vi a un chico rubio, con ojos
azules celestes y una sonrisa que enamora. Este chico me sonaba mucho, se
parecía al director.– Niall, te encargarás de enseñarle el instituto y
acompañarla. –El chico rubio, Niall, asintió.
Su nombre, lo recuerdo, ¿acaso lo conocí hace 16 años?– Ya te puedes sentar.
Adiós. Pásate luego a por tus libros, este es tu horario. –Me entrega una hoja.
-Vale, adiós. –Fui a sentarme había un sitio al final. A dos
filas del chico rubio.
Saqué un cuaderno y me puse a dibujar, Phil, el profesor de
literatura siguió con la clase.
Recibo una notita “Has cambiado mucho, ahora tienes el pelo
más largo.” Mira a ver quién haya podido ser quién me la lanzó. Nadie. Sigo
dibujando. Otra “¿Ya estás dibujando? ¿Hay algún momento en el día que no
dibujes?”. ¿Quién me mandaba las notitas y cómo sabe que dibujo siempre? Acabó
la hora. Yo seguía dibujando.
-Bueno, ¿qué? ¿Te ayudo? –Le miro, Dios, ¿por qué me suena
tanto?– Bonito dibujo.
-¿Eras tú?
-¿A qué te refieres?
-El de las notitas. –Recogí mis cosas y me puse de pie.
-Es… posible… –Soltó
una pequeña, pero adorable, carcajada. Esa risa, me era muy familiar.
-¿Cómo sabes que dibujo siempre? ¿Por qué dices que he
cambiado mucho? –Le hablaba en un todo borde.
-Porque nos conocemos, Alicia, bueno, Flor. –Sonrió. Sonrío. ¿Flor? Así solo me llamaba él.
-¿Cómo… Cómo sabes mi apodo? ¿Eres… Niall? ¿Niall Horan?
¿Duendecillo? -Asintió– No me lo puede creer, eres tú. –Nos abrazamos– Pero…
¿Tú no eras moreno?
-Me lo tiño de rubio, ¿te gusta? –Nos separamos del abrazo.
-Sí, osea, claro. Desde el principio me sonabas mucho. Y
claro, el director tu padre, ¿cierto?
-Cierto. Me llamó el otro día diciéndome que volvía Alicia
Gomez, me sonó, luego fui a su casa y me dijo quién era.
-Yo. ¿Por qué dices a su casa? ¿Se han separado tus padres?
-Sí, llevan separados desde hace 7 años.
-Joder, lo siento. Me he mudado aquí con mi madre porque los
míos también.
-Lo siento. Oye, ¿qué tienes ahora?
-Gracias. Mm… Me toca ¿biología…? ¿Cómo es posible? Estoy en
artes, no en ciencias. Bff… Voy a por los libros, la llave de la taquilla y que
me den MI horario…
-¿Artes? ¿Tú también? Vaya, vaya… Vamos a pasar más tiempo
juntos del que imaginaba.
-No has cambiado nada, ¿eh? Bueno luego nos vemos. –Me despedí
de él y me fui a secretaria.
-No, no. Mi padre me ha encargado que vaya contigo a todas
partes, así qué, iré contigo. –Me empezó a seguir.
-¿A todas? Y si… ¿tengo que ir al baño?
-Entro contigo.
-¡¡NIALL!! –Estallamos a carcajadas los dos.
-Sabes que es broma… Dios, que chica, tú sí que no has
cambiado nada. ¿Sigues tocando la guitarra?
-La toco de vez en cuando, y pensar que empecé a amar a la
música por tu culpa.
-¿Mi culpa? La música es perfecta, lo sabes.
-Sí, lo sé. Voy a clases de piano y de guitarra.
-Vaya, no pierdes el tiempo, ¿eh?
-Niall.
-¿Sí?
-¿Dónde estamos? ¿Me estás llevando a secretaría?
-No, estamos en la otra punta del instituto.
-¿Y por qué no me has llevado?
-Yo solo te seguía. –Riéndose.
-¿Hay algún momento del día en el que no te estés riendo?
-Alguno habrá.
-Ufff… Eres imposible. –Me marché, ahora sí, en dirección a
secretaria.
-Alicia… Sabes que estoy de broma… -Vino hacia mí– Alicia…
No empieces… –Hice caso omiso. Me alcanzó y me cogió de la mano dulcemente– Eh,
¿qué te pasa?
-Nada, solo quiero ir a secretaría. Que me den mi horario,
los libros, dejar las cosas en la taquilla y marcharme a casa. –Dicho esto me
fui.
-No te entiendo Alicia. En verdad… Sí que has cambiado…
-Antes era una cría, ahora he madurado. –Dicho esto me metí
en secretaría dejándole ahí parado en mitad del pasillo.
Solucionaron todo y me volví a casa.
Solucionaron todo y me volví a casa.

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