Comimos, Lou y Maura se volvieron a meter en casa a tomar el
té o café. A hablar de su trabajo, sí, trabajan juntas.
Niall estaba sentado en el columpio.
-Éramos muy enanos. –Dije.
-Sí… -Él estaba embobado mirando las fotos. Pasó la página–
Oh, Dios, mío.
-¿Qué?
-Que nuestros padres de pequeños nos casaron.
-¿CÓMO? –Me reí. Él rió tiernamente.
-Mira. Qué mona eras.
-Ooooh… ¿Cómo qué era? ¿Me estás llamando fea? –Dije
haciéndome la ofendida.
-Uff… Eres imposible. Eras y eres. –Dijo mirándome a los
ojos– Me tengo que ir. Tengo que practicar con la guitarra. –Dijo levantándose.
-Gracias. Yo tengo una. –Le miré con cara de cachorrito–
Quédate. –Se lo estaba pensado.
-¿Y qué gano yo quedándome?
-Pues que así me ayudas… a… mejorar…
-¿Cómo quieres que te ayude a mejorar si llevas años dando
clases de guitarra?
-Vale, quédate. O, ve a tu casa a por tu guitarra y vuelves.
-Bueno, vale. –Se marchó.
Entré a casa.
-Mamá, Maura, Niall ha ido a por su guitarra, luego vuelve.
Voy a subir a mi cuarto.
-Vale, luego os subiré algo de comer.
Subí al cuarto de música a por mi guitarra y entré en mi
cuarto. Estuve tocando la guitarra un rato hasta que viniese Niall.
*Ding dong*
-Ya voy yo. –Dijo mi madre. Gritando para que yo la
escuchara– Está en su cuarto.
“-Arriba al fondo a la derecha.
-Todavía te acuerdas.
-Claro, cómo olvidarlo…” –Conseguí escuchar. Abrí la puerta
de mi cuarto. Ahí estaba él con la guitarra en su espalda.
-Pasa.
-Gracias. Bueno, ¿qué hacemos?
-¿Tocar la guitarra?
-Venga, va.
-Enséñame alguna canción que te sepas.
-Vale… –Toca una melodía preciosa– Esta canción la
escribimos yo y unos amigos.
-Guau… Es preciosa…
-Gracias. –Me sonrió– Esto de la música me encanta. Oye,
¿tienes el álbum? quiero seguir viendo fotos.
-Sí, aquí está. –Se lo di.
-Gracias… ¿Lo has estado viendo?
-No, la última foto que vi fue la de la boda. –Reí, al igual
que él.
-Madre mía… Qué cosas tienen, a saber porqué la hicieron…
-Ya ves, luego se lo preguntaré a mi madre.
-Ooohh… Creo que ya me imagino porqué… Tú y yo nos
llevábamos demasiado bien. –Dijo mirándome tiernamente.
-Ya sé que nos llevábamos bien, pero, ¿a qué te refieres?
-Mira. Al parecer éramos algo más que amigos…
-Oooh… Que monos éramos… La último posiblemente fue cuándo
me fui de aquí a las 6 años… No me acuerdo de nada…
-Yo tampoco me acuerdo de nada… Desde que te fuiste solo
hablamos por teléfono o skype, muy poco; y cuándo tú venías a visitar a tu
familia yo visitaba a la mía en Irlanda…
-Es verdad… Es increíble… -Dije mirando todas las fotos–
Oooh… Mira que mona estaba.
-Dios. –Se empezó a reír– Pero si el oso es más grande que
tú. –Se reía cada vez más alto. Me contagió la risa.
-Es que me gustan grandes. –Niall me miró con los ojos bien
abiertos– ¡NO SEAS MAL PENSADO!
-¡Eres tú la que ha dicho eso! –Se empezó a descojonar.
-Olvídalo… –Dije riendo– Vamos, vamos a cambiar de tema…
-Tosí un par de veces. Apareció mi madre.
-Chicos, os traigo algo para comer y para beber. –Deja una
bandeja en el escritorio– Alicia, Niall, Maura y yo nos vamos a dar una vuelta.
Hasta luego cielo. –Me da un beso en la mejilla– Adiós Niall, cuídala. –Le da
una palmada en la espalda.
-Lo haré. Dale un beso a mi madre de mi parte. Hasta luego.
–Mi madre asiente y se va.
-Así que, ¿ahora tienes que cuidar de mí? –Dije levantando
una ceja.
-Sí, soy mayor que tú. Soy responsable.
-Solo me sacas 2 meses… –Me miró con cara desafiante– Pero
vale. Te vas a enterar.
-Ya, seguro. ¿Qué vas a hacer? –Dije riéndose.
-Tú siempre te ríes, ¿no? Ya lo verás. –Salí corriendo de la
habitación.
-Alicia, vuelve aquí, que tienes 17 años, ¿qué haces? –Dijo
yendo tras de mí y riéndose.
-Vale, pues vamos a jugar al escondite. Encuéntrame.
-Vale, te vas a enterar. –Le oía cerca. Dejé de respirar.
Pero no pude y me empecé a reír– Alicia, si te vas a esconder, por lo menos
–abrió el armario dónde estaba escondida– hazlo bien. –Salí corriendo al salón–
Vuelve aquí. –No parábamos de reír. Me caí al sofá.
-¡NO NIALL! ¡QUIERO VIVIR! –Se tiró encima de mí.
-Mmm… Tengo un deja vu, esto me suena mucho. –Dijo riéndo.
-¿El qué?
-Esto. –Empezó a hacer cosquillas, muchas– Asume las
consecuencias.
-¡NIALL! ¡BASTA, POR FAVOR!
-No, ahora no está ni tu madre, ni la mía. –Dijo riéndose.
-¡Por favor! ¡Me duele la tripa! –Paró, pero me cogió de las
muñecas para que no me escapase.
-Vale, paro, ¿vas a tranquilizarte? –Asentí. Estábamos muy
cerca. Nuestras respiraciones se volvían a chocar. Nuestras miradas se
cruzaban. No me controlé. Le besé. Cerró
los ojos, al igual que yo. Fue perfecto.
-¿Qué… qué ha sido eso? –Estaba con una sonrisa de oreja a
oreja.
-Un beso.
-Ya, pero ¿por qué?
-Porqué te quiero.
Al ver las fotos me he dado cuenta de todo.
-Alicia, yo también te
quiero. Desde que mi padre me dijo que vendrías no paraba de preguntar por
ti, mi mejor amiga de la infancia. –Miro la hora. Me aclaro la garganta.
-Niall, son las 19:53, llegas tarde.
-No, les llamo y les digo que otro día.
-No, no, ve con tus amigos. En serio. Mañana hablamos.
-Vale, –Se levanta, me ayuda a levantarme– Mañana te los
presento si quieres.
-Vale, encantada. –Él no paraba de sonreír y eso hace que yo
no pare de sonreír.
-Adiós.
-Adiós. –Me da un beso corto en los labios– Te quiero.
Se fue corriendo. Se le olvidó la guitarra.
-¡¡¡NIALL!!! –Se paró. Volvió.
-¿Qué… qué te pasa? –Le doy la guitarra.
-Se te olvidaba.
-Hostias, menos mal, se me olvidaba. Mil gracias, la
necesito.
-De nada, ¿para qué?
-Para… Anda, vente. Esta es la dirección. –Me da una
tarjetita con la dirección– Espero que vayas, voy a cantar. Hasta luego.
-Vale, me arreglo y voy. Te
quiero.
-Y yo a ti. -Se volvió a ir.







.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario